El agua ha sido desde siempre el recurso más importante de las islas. La escasez de ésta es un problema en las islas orientales por la sequedad de su clima, y en las occidentales por la carga demográfica.
Este problema ha motivado la sucesión de leyes, a cuál más inútil, para intentar garantizar el abastecimiento de la población. Lo cierto es que, haya la política que haya, siempre solucionan el problema construyendo potabilizadoras, que producen agua a partir de combustibles fósiles, es decir, en las islas cada vez más población bebe gracias al petróleo.
Para agravar la situación, el turismo de masas reclama agua para sus instalaciones, especialmente los campos de golf y piscinas de agua dulce, auténticas aberraciones en un lugar donde el agua escasea o, mejor dicho, está en manos de unos cuantos sinvergüenzas.
En cuanto al saneamiento, no existe una red decente de depuradoras de aguas fecales. Al contrario, el agua residual se vierte al mar de manera no controlada, inundando playas, costas antes ricas en pesca, etc.