En un reciente artículo del filosofo Markus Gabriel, aseguraba que el modelo económico predominante es tan letal como el virus que ahora sufrimos y recomendaba un profundo cambio de mentalidad, rediseñando otro modelo económico y social más justo y sostenible.

En Canarias, este cambio de mentalidad resulta vital. No podemos permitirnos el continuar destruyendo nuestro territorio y sus recursos naturales, ni mantener el despilfarro de los escasos dineros públicos disponibles para favorecer a determinados e insaciables sectores, como el turismo o la construcción, mientras abandonamos lo que realmente puede garantizar nuestro futuro. El evidente marketing de los recién llegados, que venden sostenibilidad mientras profundizan en el modelo destructivo de siempre, debe ser sustituido por un amplio consenso social que establezca un horizonte para nuestra tierra cargada de sentido común y esperanza. Estas son algunas de las propuestas para un deseable debate cuando traspasemos la actual situación de crisis:

1.- Recuperar el objetivo de establecer con urgencia la Capacidad de Carga de nuestra Comunidad y de cada una de las islas, limitando el crecimiento poblacional, especialmente la libre entrada de personas que, ya sea por nuestro buen clima o por las oportunidades de trabajo que aquí encuentran, deciden quedarse a vivir en nuestra tierra. Este aspecto es fundamental para planificar correctamente. Se necesita conocer la población para diseñar los sistemas educativos, sanitarios, la movilidad, el consumo, la energía, etc.

2.- Garantizar la autosuficiencia de agua, alimentos y energía para eliminar nuestra excesiva dependencia exterior. Ya está bien de continuar importando productos que aquí se pueden producir con mayor calidad, generando trabajo y mejorando paisajes, entre otros beneficios. La verdadera apuesta por las energías renovables debe pasar por la descentralización y diversificación en su producción, evitando el control de las grandes empresas subvencionadas por el Estado con cientos de millones de euros cada año. Aprovechemos de una vez nuestras envidiables potencialidades para generar energía limpia e inagotable.

3.- Freno a la ocupación de nuevo suelo para el crecimiento urbano, ya sea turístico o residencial. Hoy en día disponemos de suficiente suelo urbanizado para casi duplicar la población actual. No necesitamos más hoteles, ni apartamentos, ni complejos de lujo o cualquier otra instalación que suponga consumo de suelo o destrucción del litoral. Fomentemos aun más la reconversión de la planta hotelera, demoliendo
construcciones desfasadas, al tiempo que reducimos el excesivo número de turistas de bajo costo.

4.- Freno inmediato a las grandes obras de infraestructuras que consumen excesivos recursos económicos y poseen una gran capacidad destructiva, como son los túneles, por las rocas generadas que se convierten en rellenos o escolleras; las innecesarias ampliaciones de las autopistas; las nuevas pistas de aeropuertos y los nuevos puertos que carecen de justificación alguna, entre otras muchas. Apostemos por las obras pequeñas y realmente necesarias, como son las redes de abastecimiento y saneamiento, la depuración, la vivienda, la progresiva recuperación del paisaje, el cuidado de nuestra biodiversidad, etc.

5.- Reducción urgente de las administraciones publicas locales. Ya no tiene sentido mantener, en el caso de Tenerife, nada menos que 31 estructuras territoriales independientes que aspiran cada una de ellas a crecer, planificar y ofertar servicios que, por población y extensión, pueden centralizarse en no más de cuatro, si consideramos las áreas metropolitanas.

Paralelamente, deberíamos debatir cuáles son las nuevas actividades que podemos poner en marcha para lograr la tan deseada diversificación económica. Por mi parte, además de las ya citadas relacionadas con nuestra independencia en aspectos básicos de supervivencia, propongo especializarnos en cultivos de futuro, como son las especies vegetales con fines medicinales, las especies en peligro de extinción, el fomento de la salud, la investigación, los nuevos modelos de movilidad, entre otras muchas.
Un nuevo comienzo nos espera. No podemos desaprovechar esta oportunidad única que se nos abre en un futuro inmediato para iniciar seriamente el imprescindible cambio del ya caduco modelo económico y social hasta ahora vigente. Esperemos que los dirigentes políticos de todos los signos estén a la altura.

Joaquín Galera Gaspar, Arquitecto 31 de marzo de 2020

(Artículo de Opinión. Socio de ATAN)