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ATAN
Riesgo y prevención Cuando todos los días se pronostican catástrofes está claro que algún día se acierta, pero este no ha sido el caso de la reciente tragedia de Santa Cruz, en esta ocasión fue un desastre anunciado. Las lluvias torrenciales son fenómenos que forman parte del clima de Canarias y varias veces al siglo una isla, o parte de una de ella, es afectada por este tipo de precipitaciones y, cada quinientos años, pueden ocurrir fenómenos como el de 1826; con diferencia, el mayor temporal que ha afectado a Tenerife en toda su historia, las precipitaciones se calcula que tuvieron que superar los 1000 l/m2 en muchos lugares de la isla y fueron casi 300 los muertos y desaparecidos . Pero las responsabilidades ocasionadas por el aluvión del domingo hay que buscarlas en otro sitio y, algunos políticos y periodistas parecen haberlo encontrado en el servicio de información meteorológica. Le acusan de no advertir a las autoridades de la gravedad de la situación ¿qué hubiera cambiado si hubiese sido posible -que no lo era- anticipar la intensidad de la lluvia con cuatro o cinco horas de antelación? Es evidente que, en el mejor de los casos, nada. El Santa Cruz “moderno” ha sido diseñado, que no planificado, al margen de la naturaleza, los barranquillos se han convertidos en calles y sus abruptas laderas están cubiertas de urbanizaciones, en unos casos de autoconstrucción y en otras de exhibición de lujo y riqueza. Los cauces de los barrancos constreñidos y rellenos, las calles atestadas de coches, obras por doquier; la tragedia era inevitable porque prevenirla no es cuestión de horas, es cuestión de una planificación responsable que tiene en cuenta los condicionantes naturales para organizar el territorio. Pero ¿qué se puede esperar de un gobierno que instala los servicios de protección civil en la zona más expuesta a las inundaciones de la ciudad? Que la zona baja de Santa Cruz se inunde no es nada novedoso, por el contrario son parte de la crónica municipal, el desbordamiento del barranco de Santos provocó la inundación de la iglesia de La Concepción donde el agua llegó a alcanzar 1,20 cm. de altura. “Santa Cruz era un Barranco” “Calles intransitables” “San Andrés fue la zona más afectada por la lluvia” eran los titulares en EL DÍA del 24 de enero de 1979. La novedad, la auténtica novedad, ha sido que el servicio de emergencias no funcione porque se produce una situación de emergencia. La cantidad de lluvia ha sido grande pero, por suerte, restringida a una superficie pequeña y situada por debajo de la cota de los 400 metros; si en las cabeceras de los barrancos hubiera registrado precipitaciones por encima de los 100 l/m2 la magnitud del desastre hubiese sido mucho mayor. Estas cantidades no son excepcionales en el archipiélago, en noviembre de 1950 se registraron 360 en Izaña, 164 en Maspalomas, 231 en Taganana, 210 en Agüimes (noviembre de 1954), 216 en Aguamansa (noviembre de 1968), 246 en San Mateo (febrero de 1971). En febrero de 1973 Santa Cruz registró 116.5 l/m2 en menos de 24 horas. En La Laguna se alcanzaron intensidades de 75 l/m2 en diez minutos durante el temporal de abril de 1979. En enero de 1957 se registraron en Los Sauces 500 litros en 48 horas, el aluvión ocasionó 32 muertos. Estos datos debían ser desconocidos por los responsables de protección civil, y por ello, durante el temporal del 31de marzo del 2002, se tuvo que coordinar los servicios de emergencias desde Las Palmas, los de Santa Cruz quedaron inutilizados en los primeros momentos de la riada. Dos factores han contribuido a aminorar las consecuencias de las fuertes lluvias, el que fuera domingo y que ocurriera antes de la vuelta masiva de las vacaciones. Es mejor no imaginar lo que hubiera sucedido veinticuatro horas más tarde, con la ciudad colapsada por el tráfico y los niños volviendo del colegio. El problema es tener una ciudad que se convierte en una ratonera si se produce un chubasco de fuerte intensidad. La autopista y la avenida Tres de Mayo no están diseñadas para evacuar este tipo de precipitaciones, por el contrario las convierte en poderosos torrentes que inundan la parte baja de la ciudad y la aíslan de resto de Tenerife. En San Andrés se han ocupado del negocio de Las Teresitas pero nada en prevenir las consecuencias de la previsible riada. El plan Urban parece pensado para favorecer el negocio de los aparcamientos, pero estos no se diseñaron teniendo en cuenta las lluvias torrenciales. Se ha puesto en evidencia que los gobernantes en Canarias, sin diferencias de partido, se preocupan más del “marketing” y la publicidad, del negocio y la especulación inmobiliaria, que de adaptar sus actuaciones en el territorio a la realidad que impone la naturaleza y al coincidente interés de la mayoría de los ciudadanos.
Eustaquio Villalba Moreno |
4 de Abril de 2002
31 de Marzo - Página principal del desastre del 31 de Marzo de 2002Ir a... |