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Las consecuencias del temporal

El pasado día cinco (noviembre de 1990), un chubasco moderado provocó graves inundaciones en Los Cristianos y Las Américas; accesos inutilizados, calles convertidas en barrancos o piscinas, locales anegados, los colegios obligados a cerrar... un auténtico desastre. Hace unos años unas precipitaciones un poco más intensas inundaron el aeropuerto Reina Sofía. En ninguno de los dos casos las cantidades de lluvias registradas se acercaron, afortunadamente, a los máximos registrados en esas zonas. Los pluviómetros del aeropuerto del Sur registraron el pasado lunes 28 litros por metro cuadrado, cantidad que no entra en la categoría de las precipitaciones excepcionales: "Se ha considerado 50 litros por metro cuadrado como la cantidad mínima a partir de la cual la lluvia caída en 24 horas puede tener consecuencias, tanto en el plano geomorfológico como desde el punto de vista social o económico" (Marzo, 1988). Entonces, ¿Cómo se explica lo sucedido? ¿Quién tiene la responsabilidad de este desastre social y económico? La respuesta es obvia y no es otra que el tipo de planeamiento llevado a cabo por los respectivos municipios.

El afán por la modernidad de muchos de nuestros responsables políticos les ha llevado a olvidar lo que nuestros mayores siempre tuvieron presente: el clima de Canarias, con especial incidencia en las vertientes del sur, se caracteriza por la aridez pero con lluvias torrenciales ocasionales, siendo en estas áreas donde alcanzan las precipitaciones su máxima intensidad horaria. Los Cristianos y Las Américas no cuentan con una infraestructura apropiada a nuestro clima; se ha urbanizado sin tener en cuenta los parámetros ambientales. Lo grave del caso es que este tipo de oferta turística el modelo que se quiere implantar en otras islas, como es el caso de La Gomera. Los futuros desastres están Servidos.

Las pasadas inundaciones no han sido causadas por un temporal los datos lo desmienten; las causas hay que buscarlas en la carencia de una red de alcantarillados capaz de evacuar las aguas de las lluvias, de obras mal planificadas que han amplificado el efecto de las precipitaciones, etc. En resumen, ha sido la consecuencia de un modelo de gestión carente de perspectivas de futuro; el resultado está a la vista: poca calidad de una oferta sobredimensionada y graves carencias en los servicios urbanos básicos.

Los Cristianos es uno de los ejemplos más claros de cómo convertir una zona privilegiada por sus condiciones naturales en un desastre urbanístico. Tiene un clima que permite el desarrollo de la actividad turística durante todo el año, una playa limpia -ahora es un recuerdo-, un mar donde predominan las calmas, y contaba, además, con mucho terreno virgen para haber planificado una oferta acorde con la calidad ambiental. Pero lo han convertido en un lugar masivamente ocupado por edificios construidos en un tiempo récord (se tenía que aprovechar la coyuntura favorable), con calles sucias y polvorientas, accesos que parecen trampas para automovilistas incautos, tráfico propio de una gran ciudad, ruidos y malos olores,... El vertiginoso crecimiento que se produjo durante los años ochenta propició, en muchos casos, la falta de calidad y seguridad en las obras: cornisas que se caen y ocasionan graves accidentes, hoteles desalojados por problemas en su construcción y, para más inri, se inunda el pueblo con cuatro gotas al carecer de una infraestructura adecuada al clima de la zona. Desgraciadamente, son estos elementos los que definen su paisaje urbano.

Las administraciones públicas se están gastando mucho dinero en campañas de limpieza y en promociones exteriores, pero al mismo tiempo invierten mucho más en mantener y promover el aumento de nuevas zonas turísticas basadas en el mismo tipo de oferta: ciudades de ocio que no sólo no se apoyan en nuestros auténticos recursos, sino que contribuyen a su degradación.

El turismo de masas ha llegado a su techo; se necesita una reconversión del sector para adecuarse a la demanda del turista de los años noventa: más calidad y más respeto a nuestras singularidades ambientales. Situaciones como las vividas el lunes en Los cristianos y Las Américas evidencian cuál debe ser el destino prioritario de las inversiones públicas, si se quiere evitar el aumento de la crisis turística y la repetición de las escenas del pasado lunes.

13 Noviembre 1990

31 de Marzo

- Página principal del desastre del 31 de Marzo de 2002

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