|
ATAN
El espíritu de Manrique Intentar buscar a estas alturas las razones históricas que han llevado a Canarias al callejón sin salida en el que ahora se encuentra no deja de ser una labor -amén de ardua y trabajosa- a veces incomprendida y escasamente valorada; pero no por eso menos necesaria. Si hacemos un poco de memoria, llegamos a la década de los 60, donde el desarrollismo franquista ve en el turismo la piedra filosofal de la economía autárquica, la gallina de los huevos de oro para un régimen ya en “franca” decadencia. En efecto, el boom turístico inició su monocorde singladura por las islas que –salvo honrosas excepciones- cultivó una especial y exclusiva dedicación a captar foráneos que vinieran a contemplar el “Jardín de las Hespérides” del Atlántico, olvidando el cuidado que había que depositar en los bienes naturales que justificaban tales visitas y estancias. Con el paso de los años, la cosecha de este monocultivo económico fue en ascenso, creando una especie de nube en la que se entronizó un sector servicios que experimentó una desmesurada sobredimensión. Ya más recientemente, el turismo ha ido decreciendo, tanto en calidad como en cantidad, pero nuestros políticos –los que nos “gobiernan” y los que están en ese limbo llamado oposición- siguen preocupados por otros asuntos más terrenales. No en balde, para ocuparse de éstos han mal atendido a la propia población autóctona, pisoteando cuando fuera menester el derecho a disfrutar de su tierra. La especulación urbanística y la nula gestión de los recursos naturales no han hecho sino ir acelerando una agonía incurable: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Hormigón, urbanizaciones, diques, autopistas..., han ido reduciendo nuestros parajes naturales a simples anécdotas biológicas inmersas en un mar de cemento y aluminio. Las escasas zonas donde la mano del político o del empresario desaprensivo no ha llegado aún, se conservan gracias al tesón de sus pobladores. Zonas como Masca y Taganana, en Tenerife, aunque desprotegidas por las ayudas oficiales, sobreviven aún puras por la voluntad de colectivos vecinales, juveniles y ecologistas. Y menos mal que la administración –léase autonómica, insular o local- los ha dejado en paz...; si no fuera así, quizá ya no existirían... Parece mentira pero, después de cuarenta años, el desarrollismo de los 60 sigue vigente y los atentados ecológicos se multiplican como una plaga imposible de erradicar. Hoy por hoy, el dinero fácil de la especulación del suelo, las comisiones millonarias, la incapacidad para la población civil de participar en la toma de decisiones, el clientelismo institucional y –por qué no decirlo- la escasa preparación técnica de quienes ostentan cargos de responsabilidad local, insular y autonómica para dictar normas, acometer proyectos y tomar decisiones, hacen que la erradicación del peligro inminente de catástrofe medioambiental sea casi imposible. La única solución viable es la oposición valiente y decidida de la sociedad en su conjunto frente a estos desmanes. Si hacemos un somero repaso a algunas de las ocasiones en las que los canarios hemos puesto el grito en el cielo frente a los planes auspiciados por nuestros gobernantes, veremos que no son anécdotas perdidas en un laberinto de planteamientos políticos; muy al contrario, obedecen a un modus operandi perfectamente entramado y entretejido. Desde Veneguera y Arinaga en Gran Canaria, pasando por Corralejo y Tindaya en Fuerteventura o Malpaso en el Hierro, hasta El Rincón y Vilaflor en Tenerife, todas las acciones políticas han obedecido a espurios intereses económicos ajenos a ese bien común que se han encargado de vocear al pueblo de Canarias. ¿O qué son, si no, las operaciones de las playas de Valleseco y Las Teresitas? ¿O las de Montaña Blanca y Famara en Lanzarote?¿Y el radar de Taborno? ¿Y las torretas de Vilaflor? ¿Y la incineradora de Arico? ¿Y el parque marítimo de Jinámar en Gran Canaria? ¿Y el istmo de Las Palmas? ¿Y la Vía de Ronda de La Laguna? ¿Y la ampliación de la Autopista del Sur de Tenerife? ¿Y la vía de Cornisa de Santa Cruz? ¿Y el Malpaís de Güimar? ¿Y...? Eso sin mencionar las extracciones indiscriminadas de áridos, los vertederos incontrolados, la limpieza –cuando no el hundimiento- de barcos frente a nuestras costas, las piscifactorías, la muerte y varado de delfines, tortugas y otras especies, los parques eólicos ruinosos y sin mantenimiento, etc., etc., etc. Son muchas y variadas, pero todas responden al mismo esquema: Especulación, dinero fácil, corrupción. Y no hay más. ¿Y les extraña que un ministro español les ponga las peras al cuarto diciendo verdades como puños? ¿y qué hacen sus correligionarios en las islas picaporteando a la puerta del gobierno autonómico? Así, el último capítulo de esta macabra novela es la gran operación del puerto industrial de Granadilla. Es la primera vez que, previo a la aparición del primer petrolero, el piche ha enfangado a todos los que defienden esta infraestructura portuaria. De una parte, los empresarios (constructores, hoteleros, banqueros, importadores) aunados en las Cámaras de Comercio y las Federaciones empresariales; sus intereses no dejan de ser los lícitos de su propia actividad, pero adolecen de ética, al secundar posiciones economicistas neoliberales de difícil justificación. De otra parte, la clase política de Tenerife, empezando por el propio Ayuntamiento de Granadilla y siguiendo por las Consejerías Insular y Autonómica de Medio Ambiente, supeditados todos a los mismos intereses y haciendo oídos sordos, no ya a las recomendaciones públicas y privadas, sino a las propias sentencias europeas. Todo justifica el mal necesario del Puerto. Qué decir de nuestra prensa, radio o televisión, secundando –salvo excepciones- esta misma estrategia. Por último, la oposición municipal y parlamentaria, que se muestra tibia a la hora de denunciar los excesos y desenfrenos urbanísticos. Después, todos harán lo mismo que cuando las protestas por la Vía de Ronda de La Laguna o por las torres de Vilaflor: jugarán al engaño y a la doble moral, apoyando en sus despachos lo que después denuncian asistiendo a las manifestaciones. Por eso, cuando personas que añaden a un reconocido prestigio personal y profesional el hecho de que no ganan nada más que su gusto por el trabajo bien hecho y el deber cumplido, que brindan su tiempo, sus conocimientos científicos y su dedicación a defender públicamente a nuestras islas, que tienen el apoyo de instituciones como nuestras Universidades o las centrales sindicales con mayor implantación en Canarias, nos llaman a todos a la movilización para evitar un desmán ecológico, debemos responderles: QUE SÍ, QUE ESTAMOS CON USTEDES, QUE SOMOS USTEDES. Muchos otros ecologistas han quedado en el camino, pero sobre todo en nuestra memoria colectiva. Quizá el que mejor representa nuestro ideal de respeto a la naturaleza y al medio ambiente haya sido César Manrique. Fue considerado y querido por la gente y temido por los gobernantes. Así pudo sentar las bases de lo que definimos como desarrollo sostenible. Pero no fue suficiente su ejemplo y su dedicación. ¡Qué diría hoy, de saber que cerca de su isla se están preparando extracciones petrolíferas PROHIBIDAS por la Unión Europea y consentidas por el Gobierno de Canarias y el Estado Español! El reconocimiento debe ir hoy a todos y todas los que componen y colaboraran con la Asamblea por Tenerife, por su valor, decisión y amplitud de miras. Ellos, junto a la Coordinadora de El Rincón, Ben-Magec Ecologistas en Acción, Los Verdes, Atan, Greenpeace, el Colectivo Salvar Veneguera, el Foro Contra la Incineración, la Plataforma en defensa de la Playa de Valleseco, el colectivo Toda la Isla es Vilaflor y muchos más, son los herederos del espíritu de Manrique. La defensa de todos nuestros rincones es una obligación que debemos tener voluntariamente impuesta. Si queremos tener un futuro, si deseamos que nuestros hijos y nietos disfruten de lo que nosotros hemos disfrutado, si anhelamos que nuestras islas sigan siendo un pequeño oasis de vida animal y de vegetación autóctona, si creemos que el desarrollo sostenible no sólo es posible, sino que es inevitable, nos queda la opción de movilizarnos todos y decirles a la cara y sin titubeos: YA ESTÁ BIEN.
alberto cañete |
22 Noviembre 2004
Opinión Si quiere dar su opinión, o publicar algún artículo en esta WEB, visite nuestras páginas abiertasUrbanismo - Más información sobre las barbaridades urbanísticas de Canarias en nuestra sección de urbanismoIr a... |