|
13 de Septiembre de 1999
El Parque Nacional del Teide, al igual que ocurre con el de Timanfaya, se caracteriza por ser un espacio protegido dentro de un territorio dedicado y condicionado por el turismo. Es un espacio protegido en gran parte de paso, son muy pocos los turistas que confiesan que el Teide es el motivo que los impulsó a viajar a Tenerife; en realidad el Teide es sólo un valor añadido en la oferta turística de la de la Isla. La escasa distancia a que se encuentra de los lugares de residencia, su localización en el centro de la Isla y la espectacularidad de su paisaje volcánico, explica que la mayoría de los turistas que arriban a Tenerife visiten Las Cañadas. El Parque contribuye a la economía insular haciendo atractiva la oferta, diversificando los usos turísticos al aportar algo más que sol y playa a los visitante. Además, el parque aporta directamente ingresos y crea puestos de trabajo: varios negocios se asientan en su interior y otros se encuentran dentro de su territorio paisajístico pero fuera de sus límites oficiales. El problema se plantea en el momento en que se piense que un parque nacional es en primer lugar una lugar para hacer dinero con la naturaleza y, no una naturaleza que hay que proteger de la humanización excesiva del territorio. Cuando priman los intereses económicos sobre la conservación del territorio y de sus ecosistemas se está actuando de una manera retrógada y carente de visión de futuro al destruir el bien que genera tan importantes ingresos. Pero en Canarias y, en concreto, entre quienes gobiernan la comunidad y en la Isla prevalece la mentalidad económica de la época del Ministerio de Información y Turismo. Para ellos es un gran éxito de su gestión el aumento del número de turistas, de coches, o de kilómetros de autovías. Cegados por el negocio fácil y rápido, por el constante ascenso del PIB, no ven que ninguna economía puede sostener un crecimiento de estas características: pronto no habrá isla para tantos turistas, tantos coches y tantas carreteras. El constante crecimiento del número de visitantes en el Parque Nacional del Teide es la causa de sus principales problemas; en primer lugar por la degradación que ocasionan tantos, en tan pocos lugares de Las Cañadas a lo que se añade el fuerte impacto paisajístico producido por la acumulación de personas y vehículos en puntos concretos. Pero también es el origen de otro tipo de problemas, los que se derivan de los proyectos que quieren rentabilizar la elevada concurrencia de consumidores. Cobro de la entrada, parquímetros, construcción de restaurantes de lujo, hoteles, tiendas, más negocios en torno al teleférico, ... son propuestas hechas desde las administraciones canarias. No les ha importado que esos proyectos vayan en contra del espíritu y la letra de lo que es un parque nacional pero, también, de lo que es una economía sostenible y solidaria con las generaciones venideras. Esta doble realidad está condicionando el futuro del Teide; las administraciones canarias y su modelo económico no quieren, ni pueden limitar la oferta de camas turísticas en la Isla. Lógicamente, esta la única manera de intentar solucionar el impacto de tantos millones de turistas. Lo que tienen que decir cuál es el techo turístico de Tenerife, en cuantos millones de visitantes nos paramos, para cuantos construimos infraestructuras y a costa de qué recursos. Sólo entonces se podría encontrar soluciones al impacto que ocasionan tantos visitantes al parque nacional. Así se podrá conseguir que Las Cañadas y el Teide sigan siendo una oferta que destaca por la calidad de su conservación y no por la cantidad de chiringuitos y teleféricos destinados a sacarle los cuartos a la masa de visitantes. Un parque siempre será rentable si su estado de conservación es bueno, en caso contrario, pierde su atractivo y, económicamente, pierde su valor. Nos estamos comiendo el patrimonio de nuestros hijos y estamos desheredando a nuestros nietos y todo, a cambio de que unos pocos sean los grandes beneficiarios de haber esquilmado lo que pertenece al conjunto de la sociedad. El caso más evidente de esta contradicción lo constituye el teleférico, su impacto paisajístico es tan evidente como indiscutible y es la causa de la intensa modificación que ha sufrido La Rambleta y en el Pan de Azúcar desde su construcción. A poco más de diez años de su funcionamiento el deterioro había alcanzado un nivel tan alto que el ICONA encargó un trabajo al Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna. En sus recomendaciones dice en primer lugar: "Es evidente que la solución definitiva se encuentra sólo en la supresión del teleférico". A comienzo de la actual década se producen desprendimientos en las laderas del Teide, en la zona donde se encuentra el teleférico, la consecuencia: se tiene que limitar el número de personas en la Rambleta y se exige un permiso previo para culminar la subida. Para colmo, en una de las casetas "provisionales" que se hicieron en la época de la construcción, hay un bar que en sus treinta años de funcionamiento no ha necesitado ningún tipo de permiso. En 1989 el Consejo de Europa concedió su Diploma al Parque, entre sus recomendaciones se encuentra la de buscar soluciones a los problemas que se derivan de la presencia del teleférico y las casetas de La Rambleta. Estas recomendaciones se han vuelto a repetir, pero nada se ha hecho. El año pasado el cabildo de la Isla aumentó su participación en la sociedad del teleférico hasta el 49 por ciento y, según decían los consejeros del Cabildo, la compra tenía como fin eliminar el artefacto. Al poco tiempo anunciaban en los periódicos más de seiscientos millones de inversión, no cerraban el bar ilegal y pasaban de informar al Patronato de sus proyectos. No pueden alegar ignorancia, además del Presidente del cabildo y Presidente del Patronato, hay dos consejeros de la institución insular miembros del Patronato (uno de ellos -el de medio ambiente- está nombrado representante del consejo de administración de esta sociedad ante el Patronato). Por tanto, deben saber que las obras en el interior del parque requieren licencia municipal y el visto bueno del Patronato, además del cumplimiento de todos los trámites que la ley establece. El pasado año los funcionarios del Consejo de Europa, Eladio Fernández - Galiano y Charles Zimmer, visitaron el parque antes de otorgar la renovación del Diploma Europeo. Querían averiguar si se mantenían las características que lo habían hecho acreedor del galardón y si se cumplían las recomendaciones. Posteriormente, hicieron llegar sus impresiones a la dirección del Parque. Entre ellas hay que resaltar, por su clarividencia, ésta frase "Ahora que la Comunidad Autónoma va a participar en la gestión del parque a través de la Comisión Mixta, no se puede descartar que el cabildo o los ayuntamientos lleguen a ejercer una mayor presión sobre esos aspectos. Sería una lástima pasara a ser de su uso actual a convertirse en un recurso turístico más de la Isla."
Eustaquio Villalba Moreno |