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ATAN
Las limitaciones del Icona El Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) ha decidido limitar, a propuesta del Patronato del Parque Nacional del Teide, el número de personas que pueden estar simultáneamente en La Rambleta. Esta medida se justifica por el gravísimo deterioro que ha experimentado esta zona del Teide. Con anterioridad, el ICONA había cerrado el sendero que da acceso al cráter; la causa: la fuerte erosión que ha producido el tránsito de más de mil personas diarias. El frágil equilibrio de las laderas del cráter se ha roto, la caída de piedras, el desmoronamiento de las coladas, son cada vez más frecuentes. El ICONA, con el objetivo de cumplir lo que establece el actual Plan Rector de Uso y gestión del Parque Nacional del Teide, ha limitado a 150 el número de personas que pueden estar al mismo tiempo el la Rambleta. Como el teleférico funciona de nueve de la mañana a cinco de la tarde, como mínimo, ello supone 1.200 visitantes diarios. El ICONA ha impuesto una limitación que coincide -lo que no deja de ser una afrenta al sentido común- con la capacidad máxima de transporte del teleférico. Visto que la estancia diaria de más de mil personas está produciendo un grave incumplimiento de la Ley de 25 de marzo de 1981 que estable que la finalidad de su régimen jurídico es proteger la integridad de la gea, fauna, flora y el conjunto de sus ecosistemas, El ICONA prohíbe que se supere la cifra de más de mil. ¿A quién protege el ICONA? ¿Al Parque Nacional o a la sociedad que explota el teleférico? Existe unanimidad en considerar que el teleférico es el problema más grave que tiene el Parque Nacional, tanto por su negativo impacto ambiental como por ocasionar los mayores riesgos en el interior del Parque. En el informe elaborado por el Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna en mayo de 1982, se señalaba que la erosión ocasionada por los visitantes era muy grave y sus autores proponían, como solución definitiva, la supresión del teleférico. En los documentos de trabajo que maneja el ICONA para la elaboración del nuevo Plan Rector de Uso y Gestión se dice del teleférico: Posee una infraestructura parcialmente deteriorada y alguna abandonada. Distorsiona el sistema de uso público del Parque. Origina flujos masivos de visitantes en áreas frágiles. En ocasiones se plantean problemas de seguridad en relación a la cantidad de personas que normalmente utilizan sus servicios y a los riesgos que producen sus instalaciones. Aunque el diagnóstico es bastante incompleto -ignora las consecuencias derivadas del mal de altura y que supone un grave riesgo para las personas- sí queda claro que los daños que ocasiona la existencia del teleférico son conocidos por los responsables del Parque. Sin embargo, las medidas adoptadas, las inversiones hechas, han estado encaminadas a consolidar el teleférico, a asegurar a los accionistas que la explotación continuará hasta el final de la concesión administrativa. No se puede entender otra cosa del hecho de que las únicas inversiones que ha hecho el ICONA para solucionar este problema haya sido el proyecto de construir adosado a la terminal del teleférico un espacioso Centro-Refugio de casi 400 m². Esta edificación sólo se justifica, y mal, si el teleférico puede seguir transportando más de mil personas diarias a La Rambleta. En realidad lo único que se conseguiría era sumar impactos degradando, aún más, un área tan sensible. Si el ICONA impone limitaciones de este calibre, cabe preguntarse quién pone los límites al ICONA. Se está incumpliendo el espíritu y la letra de la legislación que ampara al Parque Nacional y siguen sin tomar las medidas adecuadas: una drástica reducción de los viajeros del teleférico y destinar el presupuesto del Centro-Refugio a estudiar la viabilidad de eliminar el teleférico. Eustaquio Villalba Moreno |
4 Junio 1993
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