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1998
En los últimos años ha aumentado considerablemente la generación de residuos sólidos y principalmente la procedente de embalajes y envases, que representa un 40% de la basura doméstica. Este incremento de los residuos, sobre todo plásticos, refleja una tendencia de nuestro estilo de vida, que busca más la comodidad, la preparación y el consumo rápido que el cuidado de la salud y la protección del medio ambiente. La mayoría de los productos químicos usados en la elaboración y producción del plástico son altamente tóxicos y con frecuencia acaban en el agua o en el suelo, a donde han sido conducidos por vertederos y desagües. El plástico llamado "corcho blanco", tan frecuente ahora en los supermercados y tiendas de comestibles, es espuma de poliestireno expandido que se fabrica con benceno, un conocido cancerígeno. Para expandir el estireno se le inyectan gases, normalmente estos gases son CFC (clorofluorocarbonados) que provocan la disminución de la capa de ozono. Las alternativas a los CFC sólo cambian una forma del problema ambiental por otra, ya que son el pentano y el butano los que contribuye a la contaminación atmosférica de las ciudades. Para fabricar el plástico adherente y transparente que habitualmente envuelve al corcho blanco, los fabricantes añaden "plastificadores", sustancias químicas peligrosas que pueden incorporarse a los alimentos, especialmente en las carnes y quesos. La manera más barata y segura de tratar la basura es la del sentido común: generar menos residuos, "reutilizar" y reciclar más. Pero sobre todo "preciclar", dejar de comprar productos demasiado empaquetados, es decir, reducir residuos antes de comprar.
Piensa que siempre que adquieres un producto, estás actuando sobre el medio ambiente, intenta que este impacto sea positivo. Al consumir productos más sanos, estimulamos su fabricación y favorecemos la desaparición de más contaminantes. La llave del consumo está en tus manos. ¡Utilízala para proteger la naturaleza! A. Muértegui |