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18/9/2000
No hay duda que Canarias cuenta con una Viceconsejería de Medio Ambiente: está en el organigrama del gobierno canario, los presupuestos de la comunidad autónoma le asignan una abultada cantidad de fondos, cuenta con cientos de trabajadores e, incluso, hay una persona que cobra por figurar como Viceconsejero de Medio Ambiente. Por tanto, no cabe duda: los canarios pagamos una estructura administrativa que responde a ese nombre. Pero en ATAN nos preguntamos para qué sirve y no hay titubeo en la respuesta: para nada. Lo único que parece importarles a sus responsables es proteger sus sillones, no la naturaleza; su tiempo deben dedicarlo a evitar que les quiten el puesto y para el medio ambiente solo les quedan buenas palabras y ningún hecho. Estas categóricas expresiones no son descalificaciones, se basan en datos comprobados. Así, el actual Viceconsejero se ha dedicado a salir en los medios de para promover entre los ciudadanos la recogida selectiva de los residuos urbanos, incluso llegó a presentar una guagua "ecológica" para difundir por pueblos y ciudades la importancia del problema de las basuras. ¿Pero, porqué no dedicó su tiempo y el dinero público a adquirir los imprescindibles contenedores? Han transcurrido muchos meses y todavía no es posible que los ciudadanos podamos hacer una recogida de basuras selectiva, pero el Viceconsejero ha conseguido su objetivo: hacerse publicidad aunque, como en este caso, sea engañosa y demagógica. Mientras tanto, se instalan ilegalmente fábricas de aglomerado asfáltico, se explotan canteras de áridos que no cuentan con ningún tipo de permiso, las torres de alta tensión alteran los paisajes y destrozan espacios naturales protegidos, las distintas administraciones amparan y financian obras claramente ilegales, como posteriormente han corroborado los tribunales en varios casos, y se niega a asumir su responsabilidad en la conservación de los espacios naturales. En lugar de protegerlos, defiende a quienes pretenden enriquecerse con el patrimonio de todos. A todo esto hay que unirle su antidemocrática negativa a participar en debates públicos o a facilitar información. Desgraciadamente, esta ineptitud tiene graves consecuencias para la gestión del medio ambiente. El señor Viceconsejero comparte con otros muchos os políticos canarios un rasgo - la carencia de principios e ideologías - que les permite cambiar de partido de la noche a la mañana sin que se les suban los colores a la cara pues, lo importante para este tipo de políticos es conservar las prebendas, no la vergüenza. Por ello no resulta extraña su mudez irresponsable, (puesto que atañe a asuntos que están bajo su responsabilidad) ni su decidido apoyo a medidas y actuaciones que implican un grave deterioro ambiental. No son suposiciones, sus silencios son muchos: Tindaya, Vilaflor, Taguluche, Las Teresitas, la obras en la dársena, el deterioro del la Hoya de Tacorón en el Hierro, las canteras ilegales del señor Plasencia, la carencia de vigilancia y protección a los cetáceos marinos, etcétera, etcétera. El colmo ha sido su respuesta al requerimiento de la Dirección General de Medio Ambiente de la Unión Europea sobre la planta embotelladora de Taguluche. En principio, y dada su trayectoria, pensé que se acogería al no sabe/no contesta de las encuestas, pero ha sido peor, le ha dicho a la Unión Europea que la embotelladora cuenta con todos los permisos legales correspondientes y que no afecta al espacio natural protegido ni a sus manantiales y, por tanto, que la Viceconsejería no tiene nada que decir sobre este planificado atentado ecológico que, para más recochineo, está financiado con dinero europeo. No basta que en el proyecto se diga que la planta embotelladora se suministrará de los nacientes, no es suficiente para que intervenga la Viceconsejería que la propia planta afecte a un Lugar de Interés Comunitario (LIC) como es el palmeral de Taguluche; como es habitual, el Viceconsejero sólo actúa cuando el mal ya está hecho. Para él es normal gastar el dinero del contribuyente en hacer una planta embotelladora que sólo podrá funcionar si se destruye irreversiblemente el hábitats de la paloma rabiche, de la turqué y de un porcentaje importante de los endemismos gomeros. Rechaza los informes desfavorables de los técnicos de su propia consejería para favorecer oscuros, por inexplicados, intereses. Lo que está meridianamente claro es que el señor Alsina no parece preocuparle la conservación del patrimonio natural, tampoco se digna a informar o participar en un debate sobre los temas que están bajo su responsabilidad. ¿Para qué le pagamos el sueldo? Eustaquio Villalba, portavoz de ATAN |