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ATAN
Estado de excepción "a la canaria". El volcán, que aún no le ha dado por salir pero que al parecer está en lista de espera "desde hace meses" para hacerlo "en cualquier momento", sin embargo, ya se ha cobrado la primero víctima. La víctima es uno de los últimos tramos que quedaban del antiguo Camino Real del Norte de Tenerife, en el término municipal de Los Realejos, próximo al Espacio Natural Protegido denominado Paisaje Protegido de La Rambla de Castro.
El hecho tuvo lugar como consecuencia de las obras que lleva a cabo la empresa Telefónica de España, S.A. para la conexión de un cable de fibra óptica con la isla de La Palma. Las obras consisten en la canalización de un tritubo de 40 mm de diámetro y 477 metros de longitud, que están siendo ejecutadas de forma salvaje, destruyendo inexplicable e innecesariamente el Camino Real. Esta obra está autorizada por el Cabildo de Tenerife que, saltándose el procedimiento legalmente establecido y sin poner ningún tipo de condicionante de tipo ambiental en orden a la adecuación de las obras al territorio, al paisaje y al patrimonio, ha justificado su autorización en el documento denominado Plan de Actuación Coordinada de Protección Civil ante el riesgo de erupción volcánica en la isla de Tenerife, que permite a las autoridades competentes y a los servicios públicos concernidos la adopción y ejecución, de forma coordinada y eficaz, de medidas preventivas y de protección entre las que figuran las relativas a la rehabilitación de los servicios esenciales que pudieran verse afectados tales como electricidad, aguas, vías de comunicación, etc., según parece, sin miramientos o contemplaciones de ningún tipo.
Por tanto, hay que decir que nos encontramos en una especie de "Estado de Excepción" pero al más puro estilo "política canaria", es decir, al más puro estilo "cachanchán o chafalmeja". Si ya en situación de normalidad la actuación de las distintas administraciones públicas en la isla es de absoluto desprecio por la naturaleza y el patrimonio, con este estado de excepcionalidad y conociendo como funcionan, por ejemplo, los responsables políticos del Cabildo de Tenerife, no es difícil llegar a la conclusión de que los espacios naturales protegidos, el patrimonio histórico, la flora, la fauna y los propios habitantes de esta isla están en una peligrosa situación de desamparo.
Ante ello no nos queda otra que rogar para que estalle el volcán cuanto antes, -eso sí, sin causar daño-, y que se acabe pronto el "Estado de Excepción". Como moraleja se podría concluir diciendo que al volcán siempre hay que respetarlo, pero nunca tenerle miedo; después de todo el volcán también genera vida y conforma la naturaleza isleña. También al político típico canario hay que respetarlo, no en vano representa a nuestras instituciones democráticas y ejerce su poder legítimamente amparado por las urnas, pero al contrario de lo que pasa con el volcán, al político si hay que tenerle miedo e incluso pánico; en muchas ocasiones por donde pasan no crecen ni los grelos, pero sí el cemento, el piche y los agujeros.
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14 Diciembre 2004
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