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23/7/98
En Icod se encuentra un famoso ejemplar de drago (Dracaena draco), al que se le atribuye una edad de miles de años. En realidad, ningún estudio parece confirmar tanta longevidad, siendo más probable que el árbol tenga unos cuantos cientos de años. En cualquier caso, es una planta que no pasa desapercibida, y ha sido desde siempre el símbolo de Icod. Nadie habla de esta ciudad sin nombrar al drago.
Quizás sería exagerado decir que el progreso de Icod se deba al drago, pues su valle era una comarca fértil de gran riqueza agraria. Prueba de ello es que el lugar se denomina también "Icod de los vinos". Sin embargo, nadie puede imaginarse a Icod sin el drago. Sería como Pisa sin la torre o Sidney sin el Palacio de la Música. Además, el ejemplar es probablemente el más viejo y grande de la isla, lo cual es más que suficiente para justificar su conservación y cuidados. Durante siglos, el árbol pasó por diversas manos, llegando incluso a albergar un establo en su tronco, pero, a pesar de todo, ha conseguido alcanzar aparentemente sin problemas nuestros días. Actualmente, el ayuntamiento se encarga de sus cuidados. Utiliza todo tipo de tratamientos para mantenerlo vivo, y la ayuda de famosos botánicos, pues el drago ha superado varias etapas 'negras' en sus últimos años. Lo que más parecía afectarle es la contaminación provocada por los coches que circulaban por la carretera general, a menos de diez metros de distancia. Por ello, se decidió desviar esta carretera lejos del árbol, obra que costó bastante dinero y varios años de trabajos. Hoy, los alrededores del drago se han convertido en un parque de flora autóctona, rodeado de un muro lo suficientemente grande como para que no se pueda ver el árbol desde las calles circundantes. Con el cuento del tráfico y la contaminación, el ayuntamiento de Icod ha 'vallado' el drago (en la foto se ve el borde del muro), de forma que para visitarlo en el futuro habrá que pagar. Una planta que simboliza la ciudad que lo rodeó, se encuentra completamente aislada de la población que en ella habita. Para evitar problemas de contaminación, habría que quitar todo Icod de las cercanías del drago. Es una ciudad cruzada por la carretera general del norte, a la que se le hizo una variante de paso para evitar la travesía, que soporta un tráfico bestial. Las calles estrechas se encuentran llenas de edificios recientes horribles, colocados de forma desordenada. Un gran vertedero de coches adorna la costa, donde una urbanización turística se amontona junto a la pequeña Playa de San Marcos, recién galardonada con la bandera azul de la Unión Europea. Con toda este desmadre urbanístico, es evidente que el drago se encuentre mal. Estará deseando que vuelvan los tiempos en los que, por lo menos, la vida no tenía que depender exclusivamente del turismo. Es preferible ser un establo que el blanco de las cámaras de miles de turistas, enfilados por el ayuntamiento, principal culpable del destrozo de Icod, que es capaz de pagar cientos de millones por desviar una carretera, olvidándose de problemas más serios como la limpieza, el tráfico, o el patrimonio histórico. |