El Genio de Tindaya

9/10/98

La historia de la humanidad está llena de personas que sobresalen, de auténticos genios en alguna de las parcelas que caracterizan al ser humano. Mozart lo fue en la música, Velázquez en la pintura, Leonardo da Vinci en muchas cosas, Newton o Einstein en la física; hoy se considera a Chillida como una de los grandes de la escultura del siglo XX. Él ha demostrado en vida su categoría de genio y así lo reconoce la sociedad. Pero el hecho de ser un genio no hace que todas sus ideas sean geniales o irrebatibles, ni buenas todas sus opiniones.

Eduardo Chillida
Eduardo Chillida

El señor Chillida quiere que los canarios nos gastemos 8.500 millones de pesetas en un proyecto fraguado en una noche de insomnio. Pero no quiere oír a quienes critican su proyecto, debe pensar que sus genialidades no son para el vulgo, que sus críticos son incapaces de comprenderlas y por eso actúan en contra movidos por la envidia. No ha resultado difícil conseguir que una idea patrocinada por empresarios y políticos -socios en este oscuro negocio especulativo- y por artistas y cultos "oficiales", acapare grandes espacios en los medios de comunicación, mientras que las críticas, por el contrario, apenas han logrado abrirse un hueco en las paginas de algunos periódicos. Si alguien lo duda, puede comprobarlo consultando la información que ha dado, y sigue dando, EL País.

Trataré de exponer mis razones y argumentos en contra de este capricho, aunque ello suponga que el señor Chillida me incluya entre sus envidiosos y, por supuesto, entre quienes hay que frenarle los pies. Canarias es una región, perdón nacionalidad, pobre; nuestra renta depende demasiado de las ayudas de la U. E.; tiene graves problemas sanitarios, educativos, ambientales, etc., y un presupuesto corto para atender las necesidades sociales. ¿Nos podemos permitir gastar 8.500 millones de pesetas por una mala noche del señor Chillida? ¿Cómo es posible que algunos partidos digan que se oponen a la televisión autonómica por considerarla un despilfarro y aprueben gastarse tantos miles de millones para hacer realidad el capricho de un artista consagrado?

Los canarios vamos a financiar una obra a fondo perdido que no generará ni nuevas inversiones ni puestos de trabajo según se desprende de sus ingenuas (?) declaraciones: "en ningún caso aceptaría que Tindaya se convirtiera en un centro de atracción turística con restaurantes a su alrededor y otros establecimientos de ocio". De manera tajante y rotunda afirma "Eso tiene que quedar como está". Pero la realidad es muy otra, y mal que le pese al Sr. Chillida su proyecto sólo sirve de excusa y tapadera de nuevas urbanizaciones y chiringuitos especulativos montados en beneficio de unos pocos, el perjuicio de casi todos, a lo que se añade la destrucción de una espacio de gran valor naturalístico y patrimonial.

Chillida es un genio sensible a los problemas sociales y por eso justifica su capricho con este ejemplo de demagogia barata: "Yo podría ayudar a esos pobres obreros que han dejado tirado. Y se me ocurrió perforar la Montaña para sacar la piedra desde arriba abajo; que ellos se quedaran con la piedra y yo con el espacio". Una justificación de este tipo sólo se puede hacer desde la ignorancia y la falta de ética: los "pobres obreros" trabajaban en unas canteras ilegales y la empresa fue denunciada por los destrozos causados a la montaña que afectan a su importante patrimonio natural y cultural.

Es verdad que con el cierre de estas explotaciones los obreros pierden su trabajo, pero no hacerlo implicaba la desaparición de Tindaya, de un espacio teóricamente protegido por la ley. Además, le aseguro, señor Chillida, que los obreros no son los que se quedarían con la piedra; si valen algo los deshechos de su capricho, los beneficiarios habrá que buscarlos entre ciertos empresarios y políticos que apoyan entusiásticamente su proyecto. Por cierto, cuándo se termine su obra monumental ¿qué pasará con los pobres obreros?

No hay razones económicas ni sociales que justifiquen una gasto de esa magnitud Sin embargo, hay muchos datos y argumentos para oponerse al proyecto y para denunciar la megalomanía del genio. Son las expuestas por geólogos, arqueólogos, historiadores, etnólogos, botánicos o zoólogos eminentes, por departamento universitarios, por instituciones culturales, ecologistas y científicas. Todos han demostrado y probado la enorme importancia que tiene Tindaya para sus respectivas ciencias y la necesidad que ello implica de proteger la integridad de su territorio.

A Chillida le da igual, él está por encima de razones y de argumentos, tampoco se siente afectado por los chanchullos económicos que hay detrás de su capricho: "A mi no me han influido sus denuncias, no me influye nada, no me he creído que eso era verdad, allí había unos cuantos envidiosos que querían parar el proyecto como fuera. Así ha sido, pero les han frenado los pies". Sr. Chillida: Los argumentos, las razones, los datos, no son cuestión de creencias, tampoco se invalidan por atribuir la condición de envidiosos a quienes los expresan, ni se resuelven impidiendo la libre expresión o, como usted dice tan finamente, "frenándole los pies" a quienes tratan de argumentar sus opiniones y expresar sus ideas.

Eustaquio Villalba Moreno

Principal | Correo | Temas | Secciones | Servicios