Unelco, las torres de alta tensión y los políticos

3/9/1999

El consumo de energía se suele utilizar como indicador del desarrollo, cuanta más energía se consume por habitante mayor será el nivel de riqueza de una población. El tiempo ha demostrado que es una mal indicador; en realidad, resulta mucho mejor para conocer la calidad de vida mirar la eficiencia en el consumo más que la cantidad de energía gastada. Un elevado consumo y, especialmente, el crecimiento exponencial del mismo, llevan a cualquier sociedad al colapso. UNELCO es un fiel exponente de esta mentalidad, entre otras razones porque mientras más electricidad vendan, mayores serán sus beneficios. No son afirmaciones gratuitas, para ganar más dinero, sus rectores quieren destrozar los montes de Vilaflor construyendo una línea aérea de alta tensión. No importa que con ello provoquen un grave impacto en la economía de un municipio en el que la mayoría de su población sigue dedicándose a las labores agrícolas y ganaderas, que se comprometa la salud de sus habitantes, que se talen una enorme cantidad de pinos -algunos centenarios- en espacios protegidos por la ley, que afecte a una zona de especial protección para las aves y en la que la Unión Europea financia un programa Life para la conservación del "picapinos". Tampoco les afecta el destrozo paisajístico y sus repercusiones en el negocio turístico, a ellos no les importa que el resto de los ciudadanos salgamos perdiendo, siempre y cuando sus accionistas salgan ganando y que sus ejecutivos se coticen más caro por sus éxitos en la cuenta de resultados.

No hay ninguna razón técnica, económica o política que justifiquen el tendido aéreo. Técnicamente podría hacerse enterrado o submarino; económicamente sería más caro para la empresa, pero mucho más rentable para el conjunto de la economía de la Isla. Desde el punto de vista político tampoco debería prosperar este proyecto, pues Coalición Canaria y el Partido Popular se han opuesto a este tipo de transporte de energía. Deben ser pues, otras razones las que han hecho que hayan cambiado de opinión y autoricen esta barbaridad ambiental y económica.

El consejero de medio ambiente del cabildo, Wladimiro Rodríguez Brito, se ha olvidado para que le pagamos el sueldo y se ha al convertido en el portavoz de los intereses de UNELCO; un mal papel para el que tiene la obligación y el deber de proteger nuestra naturaleza, pero un buen colofón para su biografía política. ¿Cómo ha convencido esta empresa a los responsables del gobierno de Canarias y del Cabildo para aprobar lo que antes rechazaban? No parece probable que lo hagan público.

Políticos canarios y empresarios turísticos han hecho una fuerte campaña en contra de la construcción de centrales nucleares en Marruecos. (Ojalá los medios de comunicación le prestaran tanta dedicación al asunto de los tendidos eléctricos como se lo están dando a este tema). Muchas declaraciones y manifestaciones por el proyecto de nuestros vecinos, pero todos silencian que España es un país nuclear, que cuenta con un amplio historial de fallos y averías en sus centrales y, sobre todo, que un accidente en una central nuclear española afectaría las islas, tanto o más, que las centrales marroquíes. Mientras presumen de respetar el medio ambiente al condenar tan parcialmente el uso de la energía atómica: Marruecos no, España si (evidenciando enfoques propios de mentalidades colonialistas y xenófobas), estos políticos y empresarios silencian, o apoyan, la sistemática destrucción que se está produciendo en las islas: tendidos de alta tensión, autopistas de número creciente de carriles, más urbanizaciones turísticas, más coches, más consumo de energía, montañas de desperdicios que colapsan en pocos años los vertederos y un empeoramiento creciente de la calidad ambiental y de vida en la Isla. Esta es la realidad que están propiciando y no la que dicen en los discurso cuando se refieren a la "cálida naturaleza canaria".

Este proyecto no puede salir adelante, el pueblo de Vilaflor, su ayuntamiento, grupos ecologistas, partidos políticos, científicos y, en general, todas aquellas personas e instituciones que quieren preservar nuestro entorno están dispuestas a tomar todas las medidas que permitan el estado de derecho con el fin de evitar un desaguisado de este calibre. Al fin y al cabo, sobre la naturaleza pivota nuestro medio de vida y de ella depende el futuro de las nuevas generaciones. Por supuesto que se recurrirá a los tribunales y apoyaremos manifestaciones y todo tipo de actos que sirvan para mostrar la repulsa ciudadana, no solo a una empresa prepotente como UNELCO, empeñada en estos tendidos, también a los políticos que apoyan un negocio particular que perjudica al conjunto de los tinerfeños.

Eustaquio Villalba Moreno
Portavoz de ATAN

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