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22/7/98 Punta Prieta, la Caleta, el Tablado (en la foto), la cueva de Chimaje, etc.. son los nombres de una serie de núcleos costeros que han crecido de forma desbordada en los últimos 15 años en Güímar. En principio, la zona del litoral donde se encuentran estos barrios, situada en la parte sur del municipio, fuera del valle, era un inmenso erial improductivo sin mucho interés agrícola, pero con bastante pesca. Fueron precisamente los pescadores los que empezaron a poblar la costa, destacando el Tablado como asentamiento más importante durante mucho tiempo, aunque fuese sólo un par de cuevas. También servían estos asentamientos como puertos de desembarco de la madera talada en los grandes bosques de Agache, hoy bastante reducidos, aunque todavía de gran belleza. Con la llegada de la autopista del sur, todo este litoral quedó confinado en una estrecha franja que nunca supera los 200 metros de ancho. La autopista no sirvió para desarrollar el lugar desde el punto de vista económico, pues no reavivó la agricultura ni fomentó el turismo, que sigue pasando de largo en dirección al sur. Sin embargo, facilitó mucho las comunicaciones, pues en sólo media hora desde la capital puede llegarse a esta costa. Además, un enlace con el núcleo más importante de la zona, el Escobonal, facilitó el acceso de los habitantes de Agache, que comenzaron a construir de forma desordenada cientos de casas de bloques sin pintar ni enfoscar. Toda la costa se ha visto desbordada por obras construidas durante la noche, para evitar la poca vigilancia municipal. Una vez acabadas las viviendas, la multa no suele ser muy importante (cuando la hay), con lo que al propietario le sale más rentable que hacer un proyecto serio, y toda la costa es hoy un barrio amontonado.
La administración no sólo ha sido culpable de permitir descaradamente este desastre, sino que los ha abastecido de agua, luz, teléfono y todas las comodidades que evidentemente tienen que tener los núcleos con cierta importancia, por feos que parezcan. Para colmo, el Cabildo ha puesto en marcha campañas de pintado y enfoscado, en la que regalaban a los habitantes material para "embellecer" tales construcciones. Lo peor del caso es que muchas de estas casas son segundas viviendas, cuyos propietarios sólo pasan por ellas los fines de semana. En los interiores, la decoración y el equipamiento no suelen ser el de alguien que no tiene dinero para pintar la fachada, sino más bien los que corresponden a los flamantes coches que se ve aparcados en el exterior. Este fenómeno es muy común en Tenerife y en otras islas del archipiélago. Es una desgracia con la que la administración nunca ha sabido enfrentarse y que se ha desbordado hasta el punto que podría decirse que, actualmente, la casa típica canaria es una vivienda de bloques sin pintar, autoconstruida, con azotea plana y un alero con un metro de teja encima. La planta baja es un amplio salón para que se case el hijo que queda, y las antenas se entremezclan en la parte alta con los cables horribles de Unelco y la ropa tendida. Es una imagen napolitana, algo impropio de estas islas hace apenas medio siglo, que surge como consecuencia del desarrollo económico injusto y desequilibrado que ha producido el turismo y , como siempre, será el propio turismo quien se autodestruya, pues no existe imagen más deprimente para un extranjero que el de unas viviendas que ha primera vista parecen chabolas. Recientemente, el Gobierno de Canarias ha aprobado una ley para intentar 'legalizar' las construcciones ilegales, como siempre cuando ya es demasiado tarde. Lo que conseguirán es que las casas mal construidas no sólo sigan siendo igual de feas, sino encima legales, agravando el problema, y dando a entender a la población que pueden seguir haciendo disparates, ahora con apoyo institucional. Actualmente queda muy poco por hacer en la costa de Agache. Casi no hay un metro que no haya sido invadido por este tipo de casas, y sería injusto echar a los que las tienen como únicas viviendas (aunque sean los menos). Lo que sí debe existir es una política determinante ya sea por parte de los ayuntamientos, el Cabildo o del Gobierno (este último caso es el más improbable). Esperemos que en el futuro la gente aprenda de lugares tan feos para no copiarlos, pero también se debe de tener en cuenta que la administración y los grandes empresarios del turismo son los primeros en no dar ejemplo, pues ellos también han construido sobre la costa edificios horribles y desmesurados, rompiendo con la legalidad cuando le conviene a sus bolsillos. En definitiva, parece que nadie está dispuesto a tirar la primera piedra, y habrá que esperar a que el tiempo solucione por sí solo el problema.
Firmado:Bibi. |