La costa tinerfeña lo tiene crudo

Cepsa vuelve a contaminar el litoral de la isla y los medios de comunicación apenas informan del vertido

Diciembre de 1998

El sábado 24 de octubre de 1998 algo falló en las viejas tuberías sumergidas del muelle de La Hondura, colindante con la refinería de CEPSA, en Santa Cruz, y una vez más el crudo escapó y contaminó amplias zonas del litoral sur de Tenerife. El remolcador Punta Salinas actuó desde las primeras horas aplicando dispersantes, sustancias que diluyen la mancha pero que en algunos casos son más dañinas que el petróleo. Eso no impidió que a la costa, sobre todo a zonas de Las Caletillas, Candelaria, Güímar, Arafo, Arico y Granadilla, llegara una emulsión aceitosa y repugnante que los expertos llaman "mus de chocolate".

Cepsa se apresuró a pedir perdón en ruedas de prensa, pero sin aclarar en ningún momento cuánta cantidad de crudo "ligero" se les había escapado ni si se conoce el perjuicio que puede producirse a la actividad pesquera de litoral. La verdad es que a esta multinacional le trae sin cuidado cualquier actividad, pesquera o no, que se vea perjudicada por ese veneno, y lo único que verdaderamente les importa es seguir actuando a sus anchas sin que los medios de comunicación hurguen demasiado en el asunto. Algunos científicos del Centro Oceanográfico de Canarias han dicho que es difícil valorar el efecto del escape de crudo sobre la actividad pesquera, porque no existe un seguimiento exhaustivo de las especies de la zona.

Contaminación nocturna de la 
refinería de Cepsa
Cepsa también contamina la atmósfera

Así las cosas, tuvimos que soportar la soberbia del director de la refinería, Javier Martín Carbajal, cuando dijo en un medio de comunicación, seis días después del escape, que "si los pescadores no salen es porque no quieren".

Los expertos del Centro Oceanográfico de Canarias echan en falta un plan de actuación que opere rápidamente en casos como este. Es inadmisible que a estas alturas -la refinería lleva instalada en el corazón de Santa Cruz 70 años- no exista tal plan de emergencias. Pero es que ni siquiera hay un sistema de detección automática de derrames. Y nadie dice nada.

Las principales víctimas animales de los vertidos son las tortugas y los pájaros que se alimentan en el mar. A las tortugas se les embadurnan los ojos y se les obstruyen los orificios nasales. Las plumas de las aves se hacen permeables al contacto con el crudo y el animal se moja, por lo que muchas veces muere de pulmonía. Pero la auténtica víctima en estos casos es la información veraz. En todo momento la dirección de la refinería de CEPSA ha estado muy tranquila, porque tiene comprados a los medios de comunicación de tal modo que impide que en éstos aparezcan noticias que sean verdaderamente dañinas para su imagen. De igual manera impide la publicación de colaboraciones externas o artículos de opinión críticos con CEPSA que acaben creando un clima de opinión contrario a la permanencia de una refinería obsoleta y peligrosa en el centro de Santa Cruz.

En casos como éste es inevitable una brevísima marejada de artículos que se preguntan por qué nos hemos de fiar de esta multinacional contaminadora. Pero pasados varios días, silencio absoluto. Y es que los medios de comunicación no quieren arriesgarse a perder una publicidad tan jugosa como la de CEPSA por cuatro pescadores indignados, tres biólogos cabreados y cuatro ecologistas peludos. Pero estamos hablado de algo más serio. Hablamos de destrucción de ecosistemas, de salud pública y de protección de la población. Vivimos desinformados sobre el peligro real que supone habitar al lado de una bomba de relojería que actúa por su cuenta en instalaciones obsoletas y sin control estricto de la administración, que parece tenerle miedo.

Ha llegado el momento de plantearse si los medios de comunicación de esta provincia cumplen su función de servicio público, o si no son más que un frasco de anestesia en manos de empresas poderosas que hacen y deshacen a su antojo, en busca del beneficio económico y en perjuicio de la mayoría.

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