La Basura, al barranco

Sobre el problema de las basuras en las islas, que parece no resultar importante para los políticos, mientras las islas aumentan la producción de desperdicios...

17 de Febrero de 2000

La necesidad de eliminar las basuras que generamos los canarios es un problema reciente en las Islas; antes éramos tan pobres que no teníamos basura y los pocos deshechos que no se podían reutilizar se tiraban al barranco y las escorrentías invernales se encargaban de arrastrarlos hasta el mar. Ahora, desde que nos hemos incorporados a club de los ricos, producimos tal la cantidad de residuos que correremos el riesgo de ahogarnos en nuestra propia mierda. A pesar de esta amenaza hemos aplazado las soluciones y nuestros gobernantes han decidido que otros asuntos son prioritarios. Los responsables de los asuntos públicos se han preocupado de hacer una densa red de carreteras: estamos a la cabeza de la Unión Europea en kilómetros de vías por unidad de superficie. Todos los partidos se atribuyen el mérito de ser los "conseguidores" de las enormes sumas de dinero que se invierten todos los años en carreteras y vías urbanas. Se congratulan por el buen momento que atraviesa la economía de las islas, dato que, según ellos, se refleja en el aumento espectacular de venta de vehículos y en los índices de consumo de energía. Cómo es lógico y normal, todos los partidos que han tenido o tienen responsabilidades de gobierno en las administraciones, se atribuyen en exclusiva los méritos. Espectaculares y artísticos edificios de afamados arquitectos adornan nuestras capitales, miles de millones de dinero público se han invertido obras que están cambiando la imagen urbana de nuestras principales aglomeraciones urbanas, todos rivalizan por aparecer en la foto oficial de la inauguración; políticos y empresarios se felicitan por sus decisivas -y bien retribuidas- contribuciones a la nueva fisonomía de la ciudad.

Las islas están llenas de basura
Uno de los muchos vertederos
incontrolados de las islas
(Prensa local)
Es prioritario, según declaran, ampliar los aeropuertos para hacer frente al espectacular crecimiento turístico; los informativos de televisión nos muestran a los satisfechos consejeros y concejales del ramo anunciando que la cifra de visitantes no para de aumentar, y todos, en ese momento, parecen un clon de Manuel Fraga cuando era el ministro de turismo de Franco. A más turistas, más urbanizaciones; empresarios y políticos no tienen ningún problema para aunar criterios y, menos, cuando las mismas personas reúnen en muchos casos ambas condiciones. No importa que en la isla ya no quepan más camas turísticas ni que nuestros recursos naturales no soporten más urbanizaciones, el negocio es el negocio como prueba el caso de la playa de Las Teresitas, el de Montaña Tindaya, o el de la embotelladora de Taguluche, claros ejemplos de cuáles son las preferencias de nuestros actuales regidores.

Mientras tanto no se han preocupado por el grave problema de los residuos que están creciendo en progresión geométrica (aunque este índice no suelen anunciarlo en la tele a bombo y platillo). No se ha hecho nada para reducir los hábitos de los consumidores y las prácticas comerciales caracterizados por la abundancia de envases y el excesivo uso de plásticos, tampoco los organismos públicos se han preocupado por organizar el reciclado de las basuras ni por su recogida selectiva. No se ha resuelto la depuración de la totalidad de las aguas residuales de las poblaciones de las Islas. Tampoco se han preocupado mucho por encontrar soluciones efectivas y a largo plazo para eliminar tantos desperdicios. En La Gomera, donde se han invertidos miles de millones en obras absolutamente innecesarias y con graves impactos ambientales: aeropuertos, carreteras o plantas embotelladoras de agua, siguen tirando la basura directamente al barranco y, para más recochineo, dos de estos vertederos están dentro de espacios protegidos. En La Palma sus dirigentes optaron por instalar hornos incineradores y se gastaron el dinero en unas instalaciones que no cumplían los mínimos requeridos por la normativa europea. Los grupos ecologistas IRICHEN de La Palma y ATAN denunciaron en su momento esta situación, la respuesta, como es habitual fueron descalificaciones e insultos para los ecologistas, pero nunca aportaron argumentos al debate. Ahora se lamentan que la Unión Europea haya ordenado la clausura de dos hornos y que tengan que volver a tirar la basura al barranco. Pero, ¿quiénes son los responsables? ¿A quién hay que pedir cuentas?

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