Desde que las redes sociales nos dieron un altavoz accesible, en ATAN dejamos de depender de una prensa mayoritariamente vendida o controlada por los caciques que gobiernan Canarias desde que tenemos memoria.

Estas redes nos permitieron romper muros informativos, esquivar la censura y llegar directamente a la gente. Incluso cuando vuelven a silenciarnos por los canales tradicionales, seguimos hablando. Tan es así que, en los últimos años, las redes de ATAN han alcanzado durante muchos meses a más de un millón de personas, llegando en algunos momentos a rozar los cuatro millones de usuarios mensuales. Algo impensable hace no tanto, cuando nuestra comunicación se apoyaba en pasquines propios y en periódicos que apenas nos daban espacio.

Las redes sociales no son solo una herramienta: también son un campo de batalla. En ellas, la información rigurosa pelea contra los bulos, hoy amplificados por la inteligencia artificial y consumidos sin filtros por mentes cansadas, saturadas y ansiosas de confirmar lo que ya piensan.

Pero creemos que existe un riesgo menos visible e igual de importante: la personalización del mensaje. La concentración de la voz de los movimientos en unas pocas caras (o cuentas) visibles, en individuos aislados que no militan, que no rinden cuentas a nadie más que a sus propios intereses y que no forman parte de procesos colectivos o que solo los utilizan para tratar de validarse. Personas fácilmente comprables, influenciables o simplemente no tienen el rigor, la profundidad y el criterio que te avala cuando actúas desde lo colectivo. Personas, en general, que no son capaces de poner el bien común por delante de sus egos.

El influencer sustituye la organización colectiva por la marca personal, el debate por el eslogan fácil, la lucha popular por alimentar el algoritmo y los objetivos compartidos por objetivos de visibilidad o económicos. Y así, lo que debería ser una fuerza colectiva se convierte en un escaparate frágil, vulnerable y, en muchos casos, funcional al sistema que dice combatir. A este sistema en el que vivimos, capitalista, individualista y al que no le interesa lo comunitario, también le interesa dar preferencia a estos protas porque son más manejables que una masa crítica bien organizada y con capacidad de articular su propio mensaje.

Estos influencers personalizando el mensaje son un peligro porque, aunque ni siquiera sean parte del movimiento y jamás hayan pertenecido a ninguno de sus colectivos o aportado trabajo a las tantísimas necesidades que tenemos como organizaciones, la gente identifica al movimiento con estas caras, personas de las que no sabemos más que su discurso público y que tarde o temprano terminan utilizando a la lucha en su beneficio personal, defraudando a la gente que les ha identificado como referentes.

Que no haya dudas: las soluciones a los problemas de Canarias nacerán de la gente organizada o serán, una vez más, más de lo mismo.

Estamos en año preelectoral y pronto veremos que muchos de estos jocicos, asoman por listas electorales, difunden el mensaje del sistema o apaciguan la lucha que decían defender. De hecho, ya está pasando.

A los influencers que puedan leer esto y tengan la capacidad de hacer auto crítica (al final también han sido víctimas de esta sociedad cada vez más individualista): busquen espacios organizados para el bien común, aporten trabajo a lo colectivo que buena falta nos hace. Ustedes por su cuenta no van a salvar nada. Nadie lo hará. La lucha es colectiva o no será.